viernes, 6 de octubre de 2017

Destierro

Era más que un simple robot, me fabricaron de forma excepcional y hasta ese momento no había nada similar. Varias décadas, los científicos se habían quebrado la cabeza resolviendo un enigma que impedía mi creación. Gracias al gran erudito DSTVE-230, que usaba en su trabajo ordenadores cuánticos muy desarrollados, fue posible prescindir de todo elemento electrónico y la primera prueba fue un éxito. «Será completamente natural—dijo en un congreso especial de la organización más poderosa e influyente del planeta— y lo verán muy pronto» No quiso ahondar en detalles y se limitó a remitirse a las pruebas. Sin contar con todas las condiciones para empezar el experimento, reunió a su equipo y en siete días logró elaborar el núcleo que sería la base de mi desarrollo. Me pusieron a incubar. La célula se depositó en la probeta. Tenía la estructura genética modificada. En nueve meses ya realizaba mis funciones más elementales. No era autónomo, pero con comida y sueño podía sobrevivir con facilidad, además tenía un grupo profesional encargado del proyecto más caro del mundo. Me desarrollé sin contratiempos y empezaron a mostrarme ante miles de universidades y empresas interesadas en desarrollar el programa. Un día me dejaron de usar como modelo y me llevaron a un lugar en el que sólo podía dormir. Cuando desperté estaba a mi lado un ejemplar muy parecido a mí, con el pelo más largo, el pecho redondo y las caderas anchas. Recibí las instrucciones. 

Una noche mi pareja se acostó conmigo y no me pude contener, tuve la reacción programada, fue muy placentera. El eminente DSTVE-230 vino a verme y me dijo que tendría que abandonar los laboratorios. Me dejaron en un bosque de clima tropical. Me adapté pronto y mi compañera tuvo un hijo. Éramos felices, pero había muchas cosas que queríamos saber y al preguntarle a nuestro creador no recibíamos respuesta alguna. Cuando nacieron nuestros hijos seguimos las normas que nos dictaba el programa integrado que llevábamos dentro, pero algo falló porque al dedicarle más atención a uno de nuestros vástagos provocamos una cosa que se llamaba envidia, un virus letal, porque destruyó al menor. Vinieron a vernos de los centros de investigación y nos amenazaron con eliminarnos si desobedecíamos los mandatos que nos daban. Pasó el tiempo y muchos de los defectos de programación se fueron manifestando en los robots que nacían.

Había destrucciones enormes de los modelos defectuosos, pero era imposible crearlos de forma artificial porque el plan lo impedía y había que sujetarse a las normas. Muchos siglos después sí lo aceptaron, por causa de las guerras y la manifestación de defectos que se clasificaron como aberraciones. Llegó un momento en el que se nos permitió crear a nosotros mismos unos modelos primitivos de tecnología, pero era simplemente con fines experimentales. No sabíamos que estábamos controlados por lo que llamábamos La Divinidad, que, en realidad, era un control preciso de nuestro creador y un muy limitado abanico de posibilidades de nuestras capacidades. En la actualidad, ya no hay mucha libertad y se observa con mucha atención la conducta de los líderes de las grandes potencias. Pasamos por un momento de crisis porque uno de los robots más locos ha amenazado con tirar bombas de hidrógeno y eso acabaría con el experimento. La mayoría de las máquinas está en contra de sus decisiones, pero el único capaz de aplacarlo es un modelo que no goza de las cualidades que se esperaban en un principio y con sus propios defectos puede provocar la ira del loco.

Si DSTVE-230 no corrige las condiciones bajo las cuales nos encontramos, habrá una destrucción total, pero esta vez seremos nosotros mismos los que la llevemos a cabo. Tal vez, esa sea la decisión del equipo de científicos y esperan sólo que terminemos nosotros mismos con el proyecto. Bueno, termino mi reporte y espero que DSTVE-230 me dé vida por muchos años, me ayude a comprender a los robots semejantes a mí, no me deje caer en tentación y me dé el alimento de cada día, que me ayude, también, a perdonar a los que me ofenden, así como yo los perdono y sigo al pie de la letra sus mandamientos: Un robot no puede atentar contra la vida de una persona, ni permitir con su inacción que se la destruya, un robot debe seguir las instrucciones de un humano, siempre y cuando, no contradiga esa orden los dos primeros preceptos y, en general, hay que amar a las personas por malas que sean. 

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