La gente ya había oído la tercera llamada, se apagaron las luces y se levantó el telón. El escenario dejó al desnudo un barco cortado por la mitad, el costado de estribor se encontraba al descubierto y se podía ver que era un galeón del siglo XVI, pero de proporciones adaptadas al teatro y por eso semejaba un enorme bote partido en dos. En el mástil las velas estaban echadas, pero todas tenían grandes agujeros. El viento soplaba fuerte y el silbido que se oía era ya, el de una tormenta menguante. Un reflector dirigió la luz a un hombre que caminaba despacio. Llevaba un jubón sucio, una camisa blanca que estaba gris amarillenta por el paso del tiempo y sus botas eran muy altas. Se giró hacía el publico y mostró sus armas. Llevaba un puñal, una espada, una pistola y un mosquete.
“Soy Enrique Morgan, un reconocido filibustero. Gracias a mí, el reino se
adjudicó…, o como se dice ahora, se hizo, se hizo con islas y grandes extensiones
de tierra. He pasado a la historia más como un reconocidísimo caballero del
rey, que por mis grandes conquistas. Me gustaría…”.
¡Eso es una gran farsa! —gritó desde una de las primeras filas una actriz
caribeña famosa por sus grandes polémicas y escándalos. El público la hizo
callar con dificultad y solo después de haberla persuadido con un soborno, se
tranquilizó—. Aparecieron unos delfines en el escenario que eran representados
por unas mujeres y hombres disfrazados que corrían y saltaban alrededor de la
embarcación. Se oyó un lejano canto de sirenas.
“A pesar de mi mala fama, me gustaría decirles que fui un hombre de buen
corazón. Señoras y señores, señoritas y señoritos. Fui víctima de una
injusticia y las circunstancias me llevaron a usar la violencia, la intriga y
la crueldad como único poder de convencimiento. Nunca fui vendido como dicen en
algunos libros de la época. Eso son pamplinas y…—de pronto se volvió a la mujer
que había iniciado el escándalo y le preguntó:
—¿Es acaso usted historiadora, querida señora?
—No, no lo soy—respondió la mujer poniéndose de pie, amenazando con volver
a alterar el orden.
—Pues, debería…debería y… ¿de parte de quién viene hoy? ¿de su padre? ¿de
su novio?
La mujer perdió la paciencia y corrió hacía él, trepando con agilidad.
—¡Vengo de parte de la justicia!!Se va a enterar de lo que soy capaz!
En seguida, ya en el escenario, comenzó a corretear al hombre, quien se
despojó inmediatamente de su pata de palo y se dirigió a las escaleras para
irse a mezclar con el público. No lo logró.
—¡Recibe tu merecido, maldito mentiroso! —gritó la mujer disparando con el
mosquete que le había logrado arrebatar al pirata.
El hombre cayó con estrépito. La gente vio su espalda humedecida por la
sangre. Se oyó un grito de sorpresa y miedo. Uno de los espectadores anunció
que estaba muerto, que le habían dado a Enrique Morgan exactamente en el
corazón. Alguien pidió que llamaran una ambulancia, pero en ese momento se
encendieron las luces, Morgan se puso de pie y fue a abrazar a la mujer que todavía
apuntaba con el arma.
Desde los altavoces se le agradeció al público su comprensión y
preferencia. Se le explicó que la obra era una innovación y que, gracias al
reconocimiento de los amantes del arte escénico, esa obra se representaría
miles de veces.
Al salir del teatro, una joven le dijo a su novio: “Ves, no querías venir y
ahora no paras de hablar del espectáculo. Ya sé, ya sé que te encantó todo lo
que discutieron. Al principio si me lo creí. Tenía la impresión de que, para
callar a la señora, le habían dado un fajo de billetes, te juro que vi un
montón de dólares. Ah, y eso también, lo que dijo del tal Tristam Shandy, el
personaje de Laurence Sterne, eso del reloj me hizo carcajearme. ¿Te acuerdas de
cómo se lo dijo? !Venga, señora, venga aquí para que le demos cuerda al reloj!
¡No tenga miedo ni reparo! Si se me para, no dude en seguirle dando cuerda.
¡Caray!!Que ingenio! Bueno ¿entonces qué?, ¿ha fallado tu profecía? Tendrás que
invitarme a cenar. Ya sabes cuál fue el acuerdo”.
La noche era tibia, la luna estaba en creciente y por las calles volaban
como pequeños dragoncillos los comentarios del éxito de la obra de teatro
absurdo que pocos habían tenido la oportunidad de ver.